No hay primera sin segunda, dice el refrán.
Después de primera hay que poner segunda, diría un conductor de camión.
Vamos a la segunda patita, se expresaría eufórico un bailarín de cueca en Chile.
¡Segundaaa! Grita un vendedor de periódicos por las calles de Santiago.
Todo esto como preámbulo para poder escribir algo sobre el tema que en este momento llena primeras planas y noticiarios en los diarios y televisión de Chile respectivamente.
Me refiero a la segunda vuelta electoral para elegir a la persona que deberá conducir por cuatro años lo político, lo económico y lo social en este largo y heterogéneo territorio del austro americano.
Como actor importante de este proceso quiero hacer algunos alcances y manifestar lo que pienso dentro de los marcos que me otorga la libertad, las disposiciones legales, las normas de convivencia, las costumbres aceptadas y el sentido común y además hago hincapié, que lo que digo es mi opinión y tan solo mi modesta opinión.
1) No soy candidato, no soy político, no soy militante, no quiero ser proselitista ni tampoco apologista. Pero si como ya lo manifesté soy un actor importante en este proceso, y es posible que el más importante.
Soy: uno entre los quince o dieciséis millones de habitantes del territorio, soy uno de los ocho millones de personas con derecho a sufragio, soy uno de los ciudadanos que el 15 de enero acudirá a las urnas, soy uno de los contribuyentes de este país, soy un hijo de esta patria, soy un jubilado del sistema, por lo tanto todo esto es lo que hace de mí y de cada uno de los otros millones de conciudadanos que habitamos este suelo, tanto o más importantes que Uds. ciudadanos, candidata y candidato a conducir los destinos del país.
2) Hoy en Chile, a mi modo de ver, no hay grandes diferencias en los programas de gobierno de ambas candidaturas. Ambos programas se basan en las normas económicas, políticas y sociales establecidas y que se vienen aplicando en el país desde el gobierno de la dictadura y que por lo demás son las mismas que rigen a nivel mundial lo que llamamos sistema de libre mercado y economía y sociedad globalizada.
Por lo tanto las diferencias son de matices, formas y estilos que cada candidato proyecta para sus cuatro años de gobierno. Por otro lado podría decirse que la otra gran diferencia se establece en quienes o cuales son las instituciones, organizaciones, partidos políticos, órganos de opinión, personas y personajes que apoyan a cada uno de los candidatos. Pero aun así las opiniones están repartidas, hay sectores que podríamos llamar de derecha que apoyan posiciones de izquierda y viceversa, por lo tanto hay otros aspectos que como votante debo analizar para poder emitir mi voto en conciencia.
3) Creo entonces que mi voto como el de millones de compatriotas, ambos presidenciables, tienen que ganárselos ellos en los días de campaña que les queda y posiblemente en el debate televisivo, el cual, desde mi punto de vista no es decisivo.
Personalmente tengo mis ideas políticas, tendencias y trayectoria, las cuales no están comprometidas ni ligadas a ningún partido político.
Por ello, con la libertad que me da el no compromiso partidario, la experiencia vivida y la sapiencia de los años, que creo tener. No votaré por el candidato que:
No sea claro y preciso en exponer sus ideas.
No sea consecuente con su posición y trayectoria.
Emplee su discurso para denostar al contrincante o a quienes representa.
Se haga oír gritando o criticando, para conseguir aplausos fáciles.
Ofrezca realizaciones, sin respaldo legal, en el corto plazo.
Prometa un futuro esplendoroso.
Vea la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio.
Use el pasado como bandera, sea de la tendencia que sea.
Votaré por quien no sea arrogante ni prepotente y que me ofrezca a mí a todos los chilenos un presente sustentable (futuro) de trabajo, salud, educación, bienestar y libertad.
Después de primera hay que poner segunda, diría un conductor de camión.
Vamos a la segunda patita, se expresaría eufórico un bailarín de cueca en Chile.
¡Segundaaa! Grita un vendedor de periódicos por las calles de Santiago.
Todo esto como preámbulo para poder escribir algo sobre el tema que en este momento llena primeras planas y noticiarios en los diarios y televisión de Chile respectivamente.
Me refiero a la segunda vuelta electoral para elegir a la persona que deberá conducir por cuatro años lo político, lo económico y lo social en este largo y heterogéneo territorio del austro americano.
Como actor importante de este proceso quiero hacer algunos alcances y manifestar lo que pienso dentro de los marcos que me otorga la libertad, las disposiciones legales, las normas de convivencia, las costumbres aceptadas y el sentido común y además hago hincapié, que lo que digo es mi opinión y tan solo mi modesta opinión.
1) No soy candidato, no soy político, no soy militante, no quiero ser proselitista ni tampoco apologista. Pero si como ya lo manifesté soy un actor importante en este proceso, y es posible que el más importante.
Soy: uno entre los quince o dieciséis millones de habitantes del territorio, soy uno de los ocho millones de personas con derecho a sufragio, soy uno de los ciudadanos que el 15 de enero acudirá a las urnas, soy uno de los contribuyentes de este país, soy un hijo de esta patria, soy un jubilado del sistema, por lo tanto todo esto es lo que hace de mí y de cada uno de los otros millones de conciudadanos que habitamos este suelo, tanto o más importantes que Uds. ciudadanos, candidata y candidato a conducir los destinos del país.
2) Hoy en Chile, a mi modo de ver, no hay grandes diferencias en los programas de gobierno de ambas candidaturas. Ambos programas se basan en las normas económicas, políticas y sociales establecidas y que se vienen aplicando en el país desde el gobierno de la dictadura y que por lo demás son las mismas que rigen a nivel mundial lo que llamamos sistema de libre mercado y economía y sociedad globalizada.
Por lo tanto las diferencias son de matices, formas y estilos que cada candidato proyecta para sus cuatro años de gobierno. Por otro lado podría decirse que la otra gran diferencia se establece en quienes o cuales son las instituciones, organizaciones, partidos políticos, órganos de opinión, personas y personajes que apoyan a cada uno de los candidatos. Pero aun así las opiniones están repartidas, hay sectores que podríamos llamar de derecha que apoyan posiciones de izquierda y viceversa, por lo tanto hay otros aspectos que como votante debo analizar para poder emitir mi voto en conciencia.
3) Creo entonces que mi voto como el de millones de compatriotas, ambos presidenciables, tienen que ganárselos ellos en los días de campaña que les queda y posiblemente en el debate televisivo, el cual, desde mi punto de vista no es decisivo.
Personalmente tengo mis ideas políticas, tendencias y trayectoria, las cuales no están comprometidas ni ligadas a ningún partido político.
Por ello, con la libertad que me da el no compromiso partidario, la experiencia vivida y la sapiencia de los años, que creo tener. No votaré por el candidato que:
No sea claro y preciso en exponer sus ideas.
No sea consecuente con su posición y trayectoria.
Emplee su discurso para denostar al contrincante o a quienes representa.
Se haga oír gritando o criticando, para conseguir aplausos fáciles.
Ofrezca realizaciones, sin respaldo legal, en el corto plazo.
Prometa un futuro esplendoroso.
Vea la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio.
Use el pasado como bandera, sea de la tendencia que sea.
Votaré por quien no sea arrogante ni prepotente y que me ofrezca a mí a todos los chilenos un presente sustentable (futuro) de trabajo, salud, educación, bienestar y libertad.
